
A 25 kilómetros al sureste de Dunhuang se halla la más grande colección y mejor conservado tesoro de arte budista del mundo. Es conocido como las Grutas de Mogao, que son 492 cuevas, que contienen unas 2.100 estatuas de colores y 45.000 metros cuadrados de murales, que aún mantienen sus colores brillantes y son claramente discernibles.
En el año 1987 fueron declaradas por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. Estas grutas, conocidas también como “Las Mil Cuevas de Buda”, se encuentran en un importante enclave de la ruta de la seda, que hasta la Edad Moderna y desde la Prehistoria fue una red comercial que llegó a comunicar en su época de esplendor el gran imperio chino y el imperio romano.
Durante muchos siglos fue un importante centro de oración budista, posiblemente debido a su importante posición geográfica, que a pesar de que se encuentra en medio del desierto del Gobi, hizo que este enclave se convirtiera en la puerta occidental de China o del este asiático.
La historia relata que Dunghuang y sus santuarios sobrevivieron durante siglos hasta que en el siglo XX fue descubierto, o redescubierto, por los europeos. Es aquí, concretamente, un 12 de marzo de 1907 cuando Aurel Stein, junto al monje taoista, Wang Yuanlu, comenzaron las excavaciones en Mogao.
Pronto se descubrió una cantidad inimaginable de material, documentación en lenguas como el sánscrito, sodiano, tibetano y chino, entre muchas otras desconocidas. Abundantes pinturas murales budistas sobre papel o seda, que tenían gran importancia al tratarse de obras de la dinastía Tang.
Cabe recordar que durante esta dinastía las rutas de la seda tuvieron uno de sus momentos de mayor esplendor. Los murales son en su mayor parte de temática budista: retratos de budas y divinidades, narraciones de los sutras expuestas mediante la sucesión de pequeñas escenas, huellas de personajes budistas históricos y mitológicos difundidos desde la India, China y Asia Central.

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